El pladur llena mi vida como la sangre de mi impura estirpe llena mis venas. Lo que no sé es porque tendría que ser impura mi estirpe, conociendo a mi familia. Pero es cierto, toda mi conversación se centra en el pladur. No voy al cine, no voy a conciertos (vale, antes tampoco), no salgo por ahí con los amigos (con los que tengo aquí me veo todos los días (excepto teleny, claro, a él sólo le he visto una vez)), no leo (eso es una vulgar mentira, leo todos los días, libros y cómics de la biblioteca, pero sonaba muy dramático), el pladur es mi vida entera ahora, ¡¡¡¡Y ESTOY HARTO DE ESO!!!!¡¡¡¡QUIERO VIVIR!!!!! pero de momento tengo que hacer sacrificios.
Ay, qué cansado estoy de todo, así que quiero cambiar el rumbo de este blog, no sé hacia donde pero lo quiero cambiar. De vez en cuando os hablaré, niños y niñas, de ese bonito trabajo del P... no quiero escribirlo más. Pero quiero hablar de otras cosas... Ya veremos de qué.
queda proscrito hasta nuevo aviso el tema del p... podría hablar de mí, claro. Y de mis malditas circunstancias. De cosas que me pasen, de gente que conozco, de proyectos de esos que abandono, de mochilas perdidas, de desamores y de mi pertinaz sequía anotadora (no, bien pensados, no se trata de basket).
Empezaré ahora sí, por una historia de terror, patéticamente terrorífica. Mi relación con el morito. Todo empezó de una manera muy normal, en un intento de entendimiento interracial, y con su fino humor característico, Lizardking (seudónimo de su e-mail y homenaje a aquel gurú de la música que como todos los gurús de la música dejó un joven y bonito cadaver) mi compañero en esto del p... le dijo al morito la única palabra en árabe que se conoce en castellano del bueno "marica" estaría bien y se circunscribiría a una relación malhumorada y violenta entre los dos, si no fuera porque sonreía y me señalaba a mí. A partir de ese día como un baboso cualquiera el morito me perseguía por la obra con evidentes intenciones de acercamiento. Me reprendía si no le saludaba, entablaba conversaciones conmigo, me preguntaba si sabía donde estaba la maceta y esas cosas (la maceta diréis, qué considerado me preguntaba por flores, pues no, la maceta es un martillo muy gordo que sirve para picar (¡Dios, como ha sonado eso!)) llegando incluso a decir mi nombre a grito pelado en medio de la obra (¿cómo se habrá enterado de mi nombre? ¡maldito lizard! Toda esta persecución tuvo su colofón en un mediodía, en que estando comiento mis compañeros y yo en un restaurante de Gerona (o Girona) alguien me acarició la nuca. Yo pensé que se trataba de la camarera (ay, anita) de lo suave y cariñoso que era el roce, cuando me volví, ¡oh, terror! ¡era el morito! que me sonreía con aviesas intenciones en su mirada cuando salía por la puerta del restaurante después de comer allí en otra mesa. Sólo me saludó a mí, sólo a mí. En fin, en fin. Al cabo de un tiempo y después de hacer una gran labor escondíendome en la obra, el morito fue trasladado con el resto del su colla (cuadrilla) a otra obra y el terror terminó.
Niños y niñas he terminado por hoy, el próximo día puede que haga una disección de mis motivaciones en esta vida, los que me conocéis veréis si reconocéis algo de ello, los demás... nos hablamos, hasta pronto.
sábado, septiembre 09, 2006
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1 comentario:
Glups!!!, vaya con el morito. Pobre JC, menos mal que conseguiste salir airoso de semejante trance. Por Diox, sal de ahí.
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