lunes, agosto 28, 2006

Segunda entrega (tan corta como la anterior)

De nuevo aquí, amigos, después de un duro día de trabajo (duro por haber producido menos pasta que un restaurante de polillas). Todo parece ir muy lento. Yo voy muy lento. En fin, ésto es bastante duro. La verdad es que si me llegan a decir hace cuatro meses que iba a estar instalando pladur, me hubiera reído mucho, mucho, mucho. Pero cuando me dijeron que podríamos sacar entre tres mil y cuatro mil euros, los ojos se me hicieron cajas registradoras y todos empezamos a ver sueños cumplidos, ah, que ilusa es la ilusión, que ciega la esperanza, que tonta la ambición, qué poco tiempo de internet me queda.
Niños y niñas, dentro de poco seguiré contando mis aventuras en el Pladur, en cuanto a otras cosas como proyectos, mi proyecto inacabado de ahora es de nuevo de etnia vaccea. Se me ha metido en la cabeza ampliar aquella historia de doloroso recuerdo y que tanto me gustó entonces. Se me han ocurrido formas de ampliar la historia para que ocupe un álbum, aunque necesito de vosotros que me informéis de cuántas páginas podría tener para el tema editorial. Sí, ya sé que no práctico todos los días, que desde mis meses en la academia no he vuelto a tocar un lápiz, pero creo que puedo hacerlo. De momento como primer plazo, me gustaría tener un borrador del guión en Diciembre, contando La Gran Boda Chipriota de David y mis 10 horas diarias de trabajo (ejem, hoy menos porque los lampistas (electricistas en cualquier otro lado) aún no han puesto un enorme tubo que nosotros tenemos que cerrar en una caja.
En fin, niños, aunque no tiene mucha ironía este texto, espero que con vuestros comentarios pueda recuperar algo de la pudiera haber tenido en mi vida. Fijáos que digo IRONÍA el sarcásmo lo dejamos para el próximo curso ¿vale? Nada de comentarios gatunos que mi madre va a regalar a mi luna, y me entran ganas de llorar.
En la próxima entrega... güeno, no sé, ya veré.

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