Esta entrada va a ser muy triste, seguramente. El hijo pródigo, efectivamente ha vuelto a casa. Dejé Barcelona el 31 de Marzo y llevo en Palencia casi un mes. Un mes de discusiones continuas con mi madre, de intentar organizar mi habitación, de perrear lo más posible. De conexión a Internet, de búsqueda de trabajo y enchufes varios, de pasar de un trabajo de mierda a otro mejor (pero sólo porque está más cerca y no es nocturno). Es triste rendirse a la evidencia de que no quedan ni fuerzas ni ganas de luchar. Así que mi lucha se centra en encontrar un buen enchufe en un trabajo de mierda y echar raíces en la meseta. Triste, muy triste, pero, necesario.
Y ahora celebremos que he vuelto al terruño, después de navegar por las procelosas (signifique lo que signifique ese palabro) aguas (ésta sí sé lo que significa) de la vida para navegar en las no menos (otra vez la palabreja) procelosas aguas de Palencia. Que todos sabéis que es como la vida pero en pequeñito. Un beso a todos los que podáis leer ésto alguna vez, seguiré subiendo entradas en cuanto haya algo interesante que contar. A todos los barceloneses, ¿a qué no sabéis quién está fabricando las traviesas de las vías del Ave? jeje, sí yo. Jejeje, pobre ave, jejeje.
domingo, abril 29, 2007
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)